Aunque estas dos parejas de candeleros se elaboraron en dos centros plateros distintos, siguen una misma tipología muy habitual en la segunda mitad del siglo XVIII. Los de mayor tamaño, como otras de las piezas legadas por el obispo Flórez se encargaron en Salamanca, palpable en su mayor riqueza y finura de talla. Las menores, vinieron de Cuenca, una de las sedes que Flórez Osorio ocupó como obispo. Cuentan con tres patas, unas en forma de garra animal, las otras de espiral, sobre las que se alza una base prismática de perfil triangular y bordes tornapunteados, un vástago abalaustrado y un mechero cilíncrico recogido por una taza circular y convexo. En los de mayor tamaño la decoración resulta muy profusa, dentro de repertorio rococó, portando en su base, además, una medalla dorada con la Virgen de la Encina y otra con la inscripción de donación. En el nudo, además de cabezas de querubes, son visibles las armas del obispo.
En los candeleros de menor tamaño el repertorio decorativo es mucho más somero, abundando los motivos geométricos y ahondando en una mayor pureza de líneas, por lo que cronológicamente cabe la posibilidad de que fueran más antiguos que los salmantinos. Llevan en su base las armas del prelado y distintos emblemas marianos.
Este juego de ramilleteros es una excelente muestra de la pujanza de los talleres salmantinos de platería durante el siglo XVIII. Son todo un despliegue de platería barroca y rococó. Cada uno de los ramilleteros se compone de un jarrón de cuerpo bulboso, pie moldurado, cuello cilíndrico y dos asas en forma de tornapuntas vegetalizadas. Su superficie va cuajda de rocallas, ornatos vegetales, colgantes floradles, gallones, ces...y dos cartelas de movidos perfiles, una con la inscripción de donación del conjunto, otra con las armas heráldicas del obispo. Como si de un ramo de flores se tratara, del jarrón nace un ostentosa composición de flores y hojas de diversos tipo elaboradas en chapa de placa repujada (reforzadas en su anverso por una estructura de hierro), y en su centro una imagen dorada de la Virgen de la Encina bajo los habituales cortinajes y guardamalletas.
Alama de madera recubierta por láminas de plata repujadas. En esencia se trata de cinco planchas, una para cada frente y otra para la zona inclinada en la que reposa el libro. Todas siguen un patrón similar y se recubren de carnosos rameados, vegetales entre los que se incorporan detalles florales u otros iconográficos. En el frente, por ejemplo, figura una laurea oval sobre una rocalla con el emblema "IHS". En la parte trasera ese mismo detalle se reproduce a mayor tamaño, bien es cierto que esta zona del atril se forró en 1998.