Elementos inmateriales
Incluye un estudio de investigación sobre la antropología y su contextualización en el Patrimonio Comunitario del territorio, identificando todos los recursos del Municipio y su vinculación a la creación de productos, itinerarios culturales y turísticos.
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La matanza
La matanza y su valor antropológico toma sentido si tenemos en consideración la importancia que el cerdo o el gocho, como se le denomina en estos valles, ha tenido en la cultura y en la alimentación tradicional. La matanza se llevaba a cabo al comienzo del invierno con los primeros fríos y suponía una actividad marcada por una regulación férrea y tradicional. Estaban repartidos los trabajos, tal y como se puede escuchar en el documento etnográfico que se adjunta. Los hombres se encargaban de tumbar al cerco y darle muerte. Este es un trabajo que no estaba reservado a cualquiera, al contrario, era un trabajo experto y muy bien valorado por el riesgo que entrabañaba. A continuación era asignado como tarea masculina el vaciar el cerdo, es decir, irle separando las partes del mismo para su posterior tratamiento. Es también un trabajo delicado pues la carne, si no se separa bien se puede estropear. Y, generalmente a las mujeres les correspondía lavar las tripas para embutir. Del mismo modo que las tareas anteriores, esta actividad requiere un saber hacer atesorado por los grupos femeninos de la localidad. Se lavaban las tripas pequeñas de un modo, y las grandes de otro distinto, y se preparaban para la posterior elaboración de los chorizos. Las distintas piezas del cerdo tenían un tratamiento distinto, pues requerían de un cuidado específico para que pudieran secarse del modo adecuado. -
Prindar y pagar al tamboritero.
El término lingüístico prindar y su sustantivo Prinda refiere a una práctica extensamente arraigada en territorios de orografía montañosa del noroeste de la península y de economía rural ganadera. El término recogido y descrito oralmente hace mención a través del verbo a una determinada facultad de retener, trasladar, en algunos casos subastar el ganado que se encuentre pastando en terrenos ajenos a la propiedad del dueño del ganado. En muchos casos, se aplicado esta regulación sobre todo en los terrenos públicos o comunales, si bien, en el testimonio que referimos, se trata de regulación de las lindes entre comunidades limítrofes. Unida a esta práctica se encuentra la prindada o prendada en otros casos, que describe el importe que a modo de multa ha de pagar el ducño del ganado prindado. El ganado prindado era transladado a los corrales de concejo en aquellos lugares en los había. En el pasado de esta práctica institucionalizada, la legitimación para llevar a cabo tal práctica permitía tanto a la autoridad pública como a los particulares llevarla a cabo. En la actualidad, en aquellos lugares donde se mantiene viva ya solamente se admite la legitimidad de la autoridad pública para el prindado. -
Tocar la esquila.
En el registro etnográfico que se presenta se menciona cómo el toque de la esquila a lo largo de las calles del municipio de Carracedo de Compludo era una práctica habitual, ritual y rutinaria que solamente dejaba de realizarse en momentos muy puntuales y por un acontecimiento destacado. En este caso, y a diferencia de otros lugares donde la tradición todavía se mantiene muy viva, como es el caso de algunas localidades de la sierra de Salamanca, la esquila con doble asa se pasaba de familia en familia, siendo un miembro de la familia quien debía de hacerla sonar al caer la tarde por las calles de la localidad. A pesar de que en el registro no se menciona el sentido de esta práctica que se remonta a momentos donde la religiosidad popular y sus creencias sobre la muerte y los difuntos marcaba tanto los tiempos como los espacios de la vida tradicional. -
"Prinar los lobos"
Cuatro son los elementos que de un modo destacado aparecen en el audio que acompaña a esta entrada y que muestran muchos de los acontecimientos de la vida cotidiana del mundo rural ganadero en los valles de la Tebaida berciana. En primer lugar el rebaño, en este caso de ovejas, pero también ha sido frecuente en la zona el de cabras y en menor medida, el vacuno. En segundo lugar el lobo, animal que ha constituido durante mucho tiempo el imaginario colectivo como representante del lado salvaje de la naturaleza, de la alteridad más radical que estaba siempre ahí presente para recordar los límites entre la casa, la protección y el bosque, lo salvaje y de lo que hay que protegerse. En tercer lugar, los perros. En la lectura antropomórfica del pasado, la lucha entre el hombre y el lobo ha destacado como procesos constitutivos de valentía y hombría , y se ha tendido a invisibilizar la lucha entre perros y lobos, como podemos escuchar. Y el cuarto lugar, el hombre. En la vida tradicional, esta combinación de elementos han estado presentes de forma permanente. Si el lobo furaba una oveja y había que sacrificarla, la pérdida es grande. Si los lobos atacaban a todo un rebaño, la pérdida es todavía mayor. Por tal motivo, se mantienen en el imaginario colectivo, en esa nebulosa del pasado entre la leyenda y la realidad el momento en el que unos lobos se prinaron ante los perros y el pastor. -
El carro.
El carro ha sido en las sociedades tradicionales el medio más importante de transporte hasta la aparición de los vehículos a motor. Ha supuesto una transición entre el desplazamiento con caballería y la movilidad moderna. Realizados por especialistas y con formas variadas en función de su utilidad han sido considerados hasta el cambio social productivo de mediados del siglo pasado objetos de un enorme valor en el entorno familiar. En muchos casos eran considerados también, y debido en parte al valor que atesoraban, objetos identitarios y así, de este modo eran profusamente decorados y adornados. Se cuidaba tanto la conservación de los materiales del carro como la tracción animal que los hacía útiles y funcionales. Con la falta de uso los materiales más sensibles de sus estructuras han ido desapareciendo y quedan en algunos casos, como se menciona en el audio, las partes más fuertes ya conservadas con otra finalidad estética. -
El bramante.
El nombre de bramante remite a un tipo de hilo usado para enchorizar, es decir, para atar la carne embutida durante la matanza. Las técnicas tradicionales para esta actividad han ido cambiando con el tiempo. Tal y como se menciona en el documento etnográfico, durante algún tiempo se embutía con la mano, con mucho cuidado de no romper la tripa. Después ya llegaron las máquinas de madera que facilitaron enormemente la tarea, si bien estas máquinas no estaban al alcance de cualquiera, no todas las familias disponían de una y en algunas ocasiones se iban prestando o bien, acudían las familias a realizar los chorizos a las casas donde había el artefacto de embutir. En este caso, el hilo descrito como bramante o también conocido como hilo de palomar se usaba de forma cotidiana para las matanzas y para atar todo tipo de carne. Destaca este tipo de hilo de cáñamo por su resistencia a las altas temperaturas. Es interesante resaltar también como en el documento etnográfico, y al hilo de esta temática, se hace mención a la elaboración de dos tipos al menos de chorizos, unos que llamaban de gastar y otros de guardar. Siendo estos últimos los que se ofrecían a los huéspedes como invitación en un momento determinado, o bien, se sacaban para celebrar algún acontecimiento relevante. -
El narigón. ( venta de terneros)
El comercio ha sido una institución fundamental para entender la vida en las localidades de la Tebaida. La economía familiar estaba inicialmente enfocada hacia el autoconsumo, pero debía contar en muchos casos con el ingreso obtenidos del comercio. Cada producto tenía su propia forma de venta. En el caso de las castañas y las nueces los compradores se desplazaban a los distintos pueblos y después del pesaje abonaban el importe y recogían el producto. En cambio con la venta de los terneros el comercio se regía de un modo distinto. El vendedor debía llevar el ternero hasta el lugar de la venta, con el sacrificio y el esfuerzo que suponía y asumiendo el riesgo del transporte, así como la merma del peso del ternero fruto del desplazamiento a través de escarpadas subidas y peligrosas bajadas. Para todo ello, el narigón desempeñaba un papel fundamental, pues ayudaba al control del ganado durante la travesía, aunque no siempre. -
Paisaje humanizado I ( bancales)
La producción en las zonas de montaña adolece de extensiones grandes y planas de terreno sobre la que trabajar, por eso, era frecuente la creación de bancales que servían para fijar la tierra y para cultivarla. Los terrenos más cercanos se dedicaban a la huerta, los que estaban más cerca del río y de las casas, también en muchos casos allí se sitúan las eras como los espacios para majar, y luego ya en los bancales e incluso en laderas empinadas la producción era sobre todo de patatas y cereal, trigo en las laderas más cercanas, las conocidas como laderas del pan, y luego el centeno. Estos bancales protegían sobre todo de las avalanchas de agua en torrente por el valle abajo en momentos de grandes tormentas de final de verano o de grandes deshielos.
Tejo Milenario, San Cristóbal de Valdueza
Elemento: Costumbres asociadas al árbol: EL TEJO.
Medio: El Tejo - Vista frontal







