Elementos inmateriales

Incluye un estudio de investigación sobre la antropología y su contextualización en el Patrimonio Comunitario del territorio, identificando todos los recursos del Municipio y su vinculación a la creación de productos, itinerarios culturales y turísticos.
  • Bailar el erizo

    Bailar el erizo es una expresión que denota una práctica tradicional relacionada con el cultivo de las castañas y que ha sido documentada en los valles del río Oza. La economía de las distintas localidades que se sitúan en el valle ha estado condicionada en gran medida por el cultivo y el cuidado del castaño, como un elemento complementario fundamental en la alimentación de las familias que han habitado el lugar. El plantado del castaño, su cuidado y limpieza, así como la recolección del fruto, su transporte, almacenamiento y su posterior elaboración y consumo ha sido una práctica que ha supuesto la transmisión de conocimientos entre distintas generaciones. A su vez, ha sido objeto de múltiples transformaciones y cambios sucedidos en los últimos años, tanto en el cuidado del árbol como en su cuidado y comercialización. Se mantiene esta práctica viva en la memoria de los habitantes del valle la forma tradicional de proceder, tal y como se puede percibir en el audio que completa esta entrada. El modo de limpieza de los erizos de los castaños pasaba por lo que se describe como un baile de un modo figurado. Los hombres y mujeres se ponían unas botas y con ellas iban pisando los erizos para separar el fruto de las cáscara llena de pinchos cuando ya estaban curtidos, para luego con un rastro o rastrillo ir amontonando el fruto. El movimiento acompasado de las piernas sobre los erizos se consideraba como si fuera un baile.
  • Castrones, rebaños y veceras.

    En los valles de la Tebaida la ganadería ha sido el recurso fundamental por excelencia. Este modo de producción consistía generalmente en el llamado "Rebaño", es decir, el conjunto de ganado ovino y caprino, y además las llamadas "veceras" conformadas por el número de cabezas de ganado vacuno. Esta diferencia no se da en todos los lugares y refiere más bien a un uso local de estos dos términos. Las veceras obligaban a un riguroso orden social en relación a su cuidado, y el número de ellas que había en cada localidad dependía de la cantidad de cabezas de ganado en cada momento. El primer domingo de junio se separaba de la vecera la pareja principal y las dos veceras quedaban entonces ya unidas en una sola. El cuidado de estas veceras estaban firmemente regulado y sometido a un estricto control social. La referencia , tal y como se puede percibir en el audio adjunto, dependía del número de cabezas poseídas, por tanto, los que tenían un mayor número debían de ocuparse en mayor medida de la vecera que aquellos que contaban con menos.
  • "Prinar los lobos"

    Cuatro son los elementos que de un modo destacado aparecen en el audio que acompaña a esta entrada y que muestran muchos de los acontecimientos de la vida cotidiana del mundo rural ganadero en los valles de la Tebaida berciana. En primer lugar el rebaño, en este caso de ovejas, pero también ha sido frecuente en la zona el de cabras y en menor medida, el vacuno. En segundo lugar el lobo, animal que ha constituido durante mucho tiempo el imaginario colectivo como representante del lado salvaje de la naturaleza, de la alteridad más radical que estaba siempre ahí presente para recordar los límites entre la casa, la protección y el bosque, lo salvaje y de lo que hay que protegerse. En tercer lugar, los perros. En la lectura antropomórfica del pasado, la lucha entre el hombre y el lobo ha destacado como procesos constitutivos de valentía y hombría , y se ha tendido a invisibilizar la lucha entre perros y lobos, como podemos escuchar. Y el cuarto lugar, el hombre. En la vida tradicional, esta combinación de elementos han estado presentes de forma permanente. Si el lobo furaba una oveja y había que sacrificarla, la pérdida es grande. Si los lobos atacaban a todo un rebaño, la pérdida es todavía mayor. Por tal motivo, se mantienen en el imaginario colectivo, en esa nebulosa del pasado entre la leyenda y la realidad el momento en el que unos lobos se prinaron ante los perros y el pastor.
  • De lobos y hombres II

    En los trayectos a pie, sobre todo de noche, se despertaba el temor a la aparición de los lobos. Lo habitual, en el caso de que ocurriese, era la presencia siempre de varios de ellos, de modo que existía la creencia de que, una vez que aparecían iban dando golpes con el rabo a las piernas del caminante hasta que lograban tumbarle, y si esto ocurría, entonces ya no había escapatoria posible. Por tal motivo, tal y como se narra en el audio que se adjunta, lo más efectivo era subirse a un castaño y esperar hasta que clareara el día, o bien, hasta que se pudiera contar con alguna ayuda.
  • El matanchín.

    En el documento etnográfico que se presenta se pone de manifiesto la preparación que suponía el llevar a cabo la matanza con la reunión de varias familias y de los miembros más allegados y cercanos de la misma. El momento principal es el momento de matar, pues encierra peligro para los que participan en este momento del acto económico y ritual. El cerdo se defiende y se mueve con mucho peso, por eso es necesario contar con el conocimiento y la habilidad suficiente para poder llevar a cabo el propósito sin resultar herido o lesionado. Ante estas circunstancias se premia con reconocimiento y con honor este conocimiento basado en las habilidades propias y en el conocimiento adquirido de generación en generación. El término "matanchín" expresado con admiración y cariño recoge la admiración por ese saber hacer en un momento tan importante para el grupo familiar.
  • El Pingo

    El pingo es un término que describe el momento en el que empezaban a caer los erizos de los castaños y también de los nogales. Cuando el fruto todavía se encontraba verde e inmaduro no se podía varear, por eso, cada mañana cuando se acercaba la fecha la mujer de la familia se acercaba al soto para ir al pingo. Se visitaban cada mañana los distintos sotos de castaños y nogales para apañar el fruto que había quedado ya en el suelo.
  • El hornero.

    El hornero desempeña una importante labor en la vida comunitaria de las sociedades tradicionales. Por la realización de su labor recibía una cantidad ajustada del pan de cada hornada. El hornero no masaba, y por tanto, el gasto habitual de pan para su familia lo recibía en cada una de las hornadas, y este variaba en función de la cantidad que cada una de las familias llevaba a hornear. Además con la masa sobrante muchas familias regalaban al hornero algún bollo o empanada extra, tal y como se describe en el audio que se adjunta. En principio parecía que el hornero recibía una hogaza por cada hornada, pero de un modo más preciso, resulta que por cada cuatro cuartales, el hornero recibía una cantidad en pan de libra y media. A pesar de que el horno se subastaba cada año, por regla general este trabajo solía recaer en la misma o mismas personas a lo largo del tiempo.
  • Mullir los garbanzos

    Mullir los garbanzos es una expresión de describe una técnica relacionada con el cultivo del huerto familiar. En la economía tradicional de las localidades del valle los aportes alimentarios que proceden de los huertos familiares han sido fundamentales para entender los mecanismos de reprodución social de la comunidad. Estas técnicas de preparación y cuidado de la tierra y del producto se han transmitido de generación en generación a lo largo de los años, de padres a hijos o hijas. Mullir supone arrancar las malas hierbas con un rastro o rastrillo o azadijo de dos gajos para que los garbanzos en el caso del audio que se presenta, o bien las patatas puedan crecer fuerte y sana.
Explora todos los bienes inmateriales