En un fondo avenerado se dispone Cristo en posición lateral, desnudo (salvo el pequeño paño de pureza) unido a una estrecha columna dorada por sus manos atadas.
Se acusan defectos en la anatomía, visibles en la forzada posición de sus brazos y en el defecto de proporción del alargado tronco del cuerpo.
Tabla que muestra las tres adoraciones que recibió el recién nacido Jesús la noche de Nochebuena, la de sus padres, la angelical y la de los pastores, en la que se centra la escena, que ha de leerse de abajo a arriba.
En la franja inferior el Niño juguetea con otros tres, uno de ellos quizá San Juanito.
San José y María le adoran junto a los pastores, de tamaño menor que los divinos padres. En lo alto revolotean multitud de ángeles.
La escena se sitúa, no en un interior arquitectónico, sino al exterior, con un fondo de paisaje resaltado por su buena perspectiva.
Sobre mensulilla y bajo venera, el profeta Jeremías, ligado a la Pasión, luce corta barba y se toca con un sencillo sombrero. Sorprende el cruce de sus piernas, en sentido contrario al de sus brazos. De su mano derecha pende una filacteria inscrita que lo identifica, PROPHETA IEREMIA.
El manto se anuda con un curioso nudo sobre su hombro izquierdo.
La figura acusa una pronunciada torsión, acentuada por los pliegues de la filacteria.
Sobre mensulilla y bajo venera, el profeta Daniel, ligado a la Pasión, luce barbado y con gran turbante. De su mano izquierda pende una filacteria inscrita que lo identifica, en la que se lee tan solo DANIEL, seguramente precedida por la palabra PROPHETA.
El manto se anuda con un curioso nudo sobre su hombro izquierdo.
Alterada por el cajeado que en una reforma de la cerraja se le hizo, se incidió una custodia de amplia basa, pie abalaustrado, flamígero viril y una cruz de calvario en su interior. La figura ocupa la portezuela en toda su altura.
En una arquitectura formada por una hornacina flanqueada por pilastrillas que sostienen un frontón triangular, se destaca el relieve de la Resurrección sobre fondo avenerado.
Cristo, sobre el sepulcro y con nimbo dorado, se presenta victorioso, con los sayones que le custodiaban a sus pies. Su mano sostiene el estandarte de la victoria.