Fichas
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Santa Faz
Delicadísima y bella representación de la Santa Faz, sin duda la mejor de cuantas se conservan en la Basílica y no sólo porque se realizó sobre cobre. En esta ocasión aún acogiéndose a la versión en que el Santo Rostro se representa sobre el sudario, no muestra nudos en su parte superior sino a dos angelitos que lo sujetan con ambas manos. Tanto estos como la factura del propio retrato de Jesús se ejecutado con extrema delicadeza y una minuciosa pincelada. El rostro tiene unas facciones afiladas, con melena larga partida al medio, barba puntiaguda, facciones apenas esbozadas... La alta calidad de la pintura invita a pensar en su procedencia europea -
Cristo Salvador
Pintura de Cristo Salvador de original factura, pues nos presenta a un Jesús en plena juventud. La imagen aparece de busto, casi medio cuerpo, vistiendo túnica rojiza y portando en su mano diestra el orbe. Su rostro va flanqueado por una larga melena que le cae a ambos lados de la cara y reposa sobre los hombros. El rostro, redondeado y de delicadas facciones se encuentra perfectamente definido y con una ligera sonrisa. Tiene un cierto recuerdo leonardesco que hace de esta pintura un ejemplar pleno de interés y originalidad. No es descartable que sea una obra de procedencia flamenca -
Sagrada Familia
Representación de la Sagrada Familia con los tres integrantes en pie y actitud de caminar. Todos son figuras elegantes y esbeltas, pero el Niño y San José muestran un mayor dinamismo que la Virgen gracias a su actitudes y al movimiento quebrado y amplio de sus paños. Sobre el fondo, neutro de color marrón, emerge la Paloma del Espíritu Santo. Llama la atención la brillante gama cromática del conjunto, además de su valiente y graciosa composición. Se completa con un marco de color negro y ornamentación a base de golpes de talla que también hemos visto en otros cuadros coetáneos de cuantos se conservan en la Basílica -
Retrato femenino
El autor del lienzo, Blas González García-Valladolid (Valladolid 1839-1919), perteneció a una familia de pintores y se especializó en retratos. Llegó a pintar a la reina Isabel II. Esta obra, ya de senectud, muestra a una mujer burguesa de medio cuerpo, sentada en un sillón, con la mirada perdida y serena. Porta un abanico cerrado en sus manos y para posar ha dejado un libro en una mesita circular de apoyo, volumen que parece religioso, con los cantos dorados y un broche metálico de cierre abierto. La mirada del espectador es dirigida al rostro gracias al fondo de colores neutros (rojizos y marrones) y al sobrio vestido negro que porta la dama, abotonado hasta arriba. Tan solo se adorna con un broche de oro en el cuello, a juego con los pendientes, y un dije prendido en el antebrazo. Una sortija en la mano izquierda informa de su condición de casada. Lleva su pelo cuidadosamente recogido en un discreto moño. Como es habitual en la obra de este pintor el tratamiento de las figuras retratadas expresan su temperamento. Esta bella mujer, tranquila y segura, inidentificada todavía, debió pertenecer a una familia prominente de Ponferrada, pero desconocemos si el retrato fue realizado en esta ciudad o se trasladó a ser retratada al estudio del pintor vallisoletano. -
Cristo Salvador
Sorprende la calidad de este cobre, pero es que son varios lo cuadros realizados sobre este material que se conservan en la Basílica y que muestran una calidad más que superior. Desconocemos cómo llegaron a su ubicación actual, o quien los donó, pero como ya dijimos anteriormente no debemos descartar la procedencia europea y flamenca de algunos de ellos. De este no nos cabe duda de que así será, pues recuerda a modelos nórdicos de extendida fortuna y devoción. Nos muestra a Cristo Salvador de medio cuerpo y postura frontal. Viste túnica rosada de orillos dorados y mientras en la mano izquierda por un orbe rematado por cruz, dispone la derecha en actitud de bendecir. Su preciosista rostro se inclina hacia un lado y baja la mirada elegantemente. Su larga cabellera deja ver la mayor parte del rostro e incluso la oreja izquierda. También lleva una barba ligera y corta, y una suerte de potencias doradas tras la cabeza. Si espectacular resulta la pintura, lo cierto es que el marco que la protege tampoco se queda atrás, aunque pertenezca a un momento cronológico posterior, cuajado de talla vegetal -
Desposorios
Un interior de una estancia definida por una pilastra estriada, ya vista en otros lienzos de esta serie, presenta la clásica configuración de esta iconografía: el sumo sacerdote, mitrado, en el centro y de tamaño mayor, asiste a los Desposorios de San José (a la izquierda) y la Virgen (derecha) que se dan la mano en su presencia. San José porta la vara florecida que lo acreditó como digno esposo de María. Es el único que mira directamente al espectador. María, más recatada, inclina hacia abajo la cabeza, mientras que el sacerdote pierde su mirada en un incierto punto de fuga mientras alza su mano derecha bendiciendo la unión. Acorde al gusto de este pintor, dos personajes más flanquean a los santos contrayentes (masculino y femenino), si bien solo se intuyen sus cabezas. Este lienzo permite valorar la calidad del pintor mejor que los otros, pero mantiene esos pliegues de paños poco trabajados, si bien no se acusan los fallos anatómicos de los compañeros. -
Oración en el Huerto de los Olivos
Jesús ora arrodillado en el monte de los Olivos en la parte central de la tabla. Dormidos y en diferentes posturas, por debajo, los tres apóstoles (Pedro, Santiago el Mayor y Juan). Completa la escena el ángel que le entrega a Cristo el cáliz del martirio, anticipando lo que va a ocurrir. Es difícil valorar la calidad de la tabla original por el agresivo repinte a que ha sido sometida en el siglo XX, en momento indeterminado, al igual que la autoría, ostentosamente perceptible en la deformada faz de Cristo y en el apóstol del vestido blanco (quizá Santiago). El color claro de su ropaje establece una línea oblicua con el ángel situado en el extremo superior, que resaltan en el ambiente de penumbra nocturna en que transcurre la acción. El marco negro, finalmente, se adorna con seis ostentosas molduras doradas que rompen tal recogimiento. -
Espejo
Espejo con marco a modo de cornucopia, no estrictamente simétrico, decorado con salientes hojas y tallos. En la parte superior resalta una guirnalda calada. La inferior, también de hojarasca, remata en pico.







