Fichas
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Espejo
Espejo con marco a modo de cornucopia, no estrictamente simétrico, decorado con salientes hojas y tallos. En la parte superior resalta una guirnalda calada. La inferior, también de hojarasca, remata en pico. -
Espejo
Espejo con marco a modo de cornucopia, no estrictamente simétrico, decorado con salientes hojas y tallos. En la parte superior ha perdido una guirnalda floral calada. La inferior, también de hojarasca, remata en pico. -
Espejo
Espejo con marco a modo de cornucopia, no estrictamente simétrico, decorado con salientes hojas y tallos. En la parte superior ha perdido una guirnalda floral calada. La inferior, también de hojarasca, remata en pico. -
Doble Trinidad
Composición hábil en que se representan dos esferas, partidas en sentido horizontal. Abajo se representa a la Sagrada Familia (o la Trinidad terrestre). El Niño Jesús, en el centro de la composición sirve de eje con las otras dos personas de la Trinidad (Celeste), que ocupa la parte superior. La parte terrenal, sobre fondo casi neutro para resaltar el protagonismo de los sagrados personajes, se identifica por algún detalle naturalista y arquitectónico al fondo, muy sobrios. Un cielo que no llega a ser tenebrista se sacude por un rompimiento de gloria por donde emergen Dios Padre y la paloma del Espíritu Santo, que sostiene una imperceptible corona de espinas en su pico. María y José, de pie y con sutiles nimbos, flanquean y sostienen por sus manos al Niño, igualmente de pie. Las miradas adultas se dirigen hacia abajo (con la misma postura) mientras que la radiante faz de Jesús se dirige al espectador, interpelándole, en el justo centro del lienzo y radiado por un radiante halo. San José porta la vara florida. La serenidad que irradia la escena se potencia con una pincelada más insegura en el tratamiento de los paños que en las carnaciones. -
Exvoto
Exvoto pintado cuya mayor curiosidad reside en su disposición para ser conservado a modo de rollo, recogiendo el soporte inferior en torno al cual se enrolla el lienzo. No se trata del típico exvoto popular de los que tanto abundan en el siglo XVIII en que un pintor local de limitadas dotes reproduce una escena en que se ve (al menos) a quien pide y a la figura a quien se pide, por lo general ubicados en un espacio que puede ser el del desgraciado suceso que da lugar a la súplica o el lecho de enfermedad. En este caso, siguiendo pautas más propias de la pintura de prestigio, se ve al anónimo donante de media figura y mediana edad (tampoco se expresa su identidad, como sí suele hacerse en los antes descritos, ni fecha), de perfil y en actitud orante. El personaje masculino, con actitud concentrada, viste de negro. El fondo oscuro y sin referencias que lo resalta favorece el introspectivo ambiente, que resalta las carnaciones de manos y cara. Una escueta cartela pintada en la parte superior derecha del lienzo apenas ofrece la información de la Virgen a la que se dedica el exvoto (de la Encina). -
Virgen de la Encina
Tabla con la representación de una Virgen con Niño sobre ostentosa peana (con cruz potenzada) que sigue los modelos distribuidos para la piedad popular en múltiples grabados con leves cambios para representar vírgenes locales. Lo extraordinario de la obra son las incrustaciones de nácar, que copan por entero el frente del ampuloso manto virginal y la mayor parte del marco, que se decora con abigarrados conjuntos florales, enteramente de nácar. Por el cultivo de este tipo de técnica es posible que este cuadro proceda de tierras americanas, Un comprador como el ponferradino obispo José Flórez Osorio, que tantas obras donó a la iglesia mayor de su localidad, pudo adquirirlo en el mercado del arte en Valladolid (según se deduce de la inscripción del reverso), donde fue colegial en 1707 antes de llegar a ser el obispo de Orihuela (1727-1737) y Cuenca (1737-1759). La Virgen se muestra estereotipadamente, si bien el color oscuro de su tez puede ser un indicio de su dedicación a la advocación de la Encina (La Morenica). Coronada Ella (y con un enorme nimbo radiado) y el Niño, ocupa el centro de una composición que unos cortinajes rojos abiertos (consta que tramoyas parecidas fueron aditamento histórico de la Virgen de la Encina, incluso una de plata) permiten contemplar, precedidos de una alfombra del mismo color con el monograma mariano en su decoración. Dos candeleros en el suelo preceden a los sagrados personajes y otras tantas lámparas arden colgadas en la parte superior. Dos varillas carillas, también de nácar, de un abanico penden de la parte superior, encoladas, quizá puestas con posterioridad. El marco rectangular, pero con esquinas achaflanadas, despliega el nácar generosamente formando, como se dijo, motivos florales. La generosidad que el legado del Obispo hizo a la Virgen de la Encina y los factores aludidos permiten, pues, atribuir a esta advocación la dedicación mariana. Sería la primera donación documentada, pues la mayor fue "post mortem". En 1707 el obispo tenía 33 años. -
Virgo Lactans
Tabla desgraciadamente intervenida en algún momento del siglo XX, cuya manipulación afecta a la ponderación de la calidad del original. Sobre un fondo oscuro, donde apenas se entrevén detalles y un cortinaje descorrido, se ilumina una Virgen de media figura y cabeza inclinada hacia el Niño dormido que sostiene en sus brazos y apoya su cabeza en el cubierto (por el vestido) pecho materno. Madre e Hijo lucen collares a modo de gargantillas, el de Jesús de cuentas de coral, acorde al carácter protector que el imaginario popular concedió a este material. Si bien se acusa un tratamiento anatómico deficiente, quizá los rostros tuvieran una delicadeza de la que hoy carecen. La actitud escogida para representar la escena es altamente evocadora, un Niño desnudo y dormido sobre su propio bracito que a su vez se apoya en el pecho materno, mientras le vela la Madre. Por supuesto, no lacta, acorde con la convención establecida después del Concilio de Trento para esta iconografía. -
Anunciación
En una lujosa estancia, apenas definida por una columna estriada y un edificio que se ve al fondo, el Arcángel irrumpe mientras la Virgen abandona la lectura del libro de horas que sostiene un atril. La joven se dispone sobre una estructura elevada sobre un estrado escalonado que cubre una alfombra anudada por uno de sus lados, lo que deja ver la estructura del mismo. Contrariamente a lo que suele ser habitual en esta iconografía, ningún objeto se interpone entre los cuerpos de Gabriel, de pie, de cabellos rubios, torso descubierto y cabeza demasiado pequeña, y la Virgen, muy aniñada. Una pequeña paloma del Espíritu Santo infunde aliento, formando una línea compositiva (oblicua) con los rostros de los personajes principales.







